De pronto tuve conciencia de que ese momento, de que esa rebanada de cotidianidad, era el grado máximo de bienestar, era la dicha. Nunca había sido tan plenamente feliz como en ese momento, pero tenía la hiriente sensación de que nunca más volvería a serlo, por lo menos en ese grado, con esa intensidad.
La cumbre es así, claro que es así. Además estoy seguro de que la cumbre es sólo un segundo, un breve segundo, un destello instantáneo y no hay derecho a prórrogas.
Soy un electrón. También algo extraterrestre. Acostumbrada a que me salga todo mal. (Soy tan insegura que lo pongo entre paréntesis por si acaso). No, no y no, niego rotundamente ser tan negadora. De piedra o de cemento, a veces bien flojita. Cuando estoy con gente desconocida no sé hablar. Me hacen feliz pequeñas cosas. Me siento más viva que nunca. En algunos años voy a ser contadora.. y voy a contar 1, 2, 3, 4, 5 hasta el infinito.
sábado, 26 de diciembre de 2015
Momentos.
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