Hacía tiempo que no dolía. Dormía oculto, bajo un caparazón de acero. Pero el dolor no dejaba de llamar a la puerta cariñosamente, invitando a mi corazón a abrir. Le repetí mil veces que no se abre la puerta a extraños, y menos a viejos conocidos que hacen daño, pero al fin y al cabo no le culpo por tener curiosidad. Pero todos saben que la curiosidad, mato al gato. Y mis siete vidas han dado de bruces contra el asfalto. Pero quién va a juzgarle, cansado, haciendo de tripas, disfrazado, el corazón. Tragando y callando. Así que no me extrañó demasiado cuando se abandonó al timbrazo, y sin dudar, abrió la puerta sin espiar la mirilla. Y entró el dolor. Y saben que cuando entra, se expande y te ahoga, por ello utilicé mis ojos de desagüe, y me pillaste con el mar colgando de las pestañas. Me rendí, dejé volar palabras y sentimientos juntos y chocaron como fuegos artificiales, cegando la vista y quemando la piel. Nunca quise necesitarte, no a ti. Pero, quizá, si a tu hombro los días que llueve por dentro, o cuando me vestía de ilusiones y proyectos a medias. O quizá palabras suaves cuando mis gritos enmudecieron a mi coherencia. Es posible, que necesitase tus brazos como escudo. Pero no puedo necesitarte, por que se que ese hombro, esas palabras y esos brazos no estarán para mí. Solo orgullo, solo desprecio, solo falsa protección. Solo eso, sola.
By Nusk
No hay comentarios:
Publicar un comentario